Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Ivan Kleber y Paulo Henrique Araujo: A comienzos del siglo XXI, solo Cuba era la única dictadura activa en América. Sin embargo, la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela marcó el inicio de un proceso que, con el apoyo de Fidel Castro y Luiz Inácio Lula da Silva, dio lugar a una red regional autoritaria conocida como socialismo del siglo XXI. Este modelo se basa en el control absoluto del poder, la represión política, el uso del crimen organizado y la manipulación electoral para perpetuarse.
Brasil, bajo el liderazgo de Lula, ha tenido un rol clave en esta articulación. Lula no solo fue fundador del Foro de São Paulo, la organización que impulsó esta alianza regional, sino que también utilizó su influencia y los recursos del Estado brasileño para apoyar a regímenes afines, como los de Venezuela, Nicaragua, Cuba y Bolivia.
Hoy, el gobierno de Lula es señalado como un régimen «para-dictatorial»: si bien fue elegido democráticamente, actúa en función de intereses autoritarios. Su política exterior está alineada con las dictaduras de la región, encubre sus violaciones de derechos humanos. A nivel interno, preocupa la designación del exabogado de Lula Da Silva como miembro del Supremo Tribunal Federal, la persecución judicial a opositores y el debilitamiento institucional.
Brasil corre el riesgo de perder su democracia si continúa por este camino. La presencia de grupos criminales transnacionales, el narcotráfico proveniente de países vecinos y el uso político del sistema judicial son señales alarmantes. La democracia brasileña está siendo erosionada desde dentro.
Este escenario no es exclusivo de Brasil. El socialismo del siglo XXI ha creado un bloque autoritario en América Latina que opera tanto en dictaduras abiertas como en gobiernos paradictatoriales. La verdadera confrontación de este siglo no es entre izquierda y derecha, sino entre crimen organizado y democracia.